Obesidad y la Diabetes: ¿Dos alas de un mismo pájaro?

La obesidad fue reconocida reciente­mente por La Asociación Médica Ameri­cana como una enfermedad crónica, en lugar de una condición de salud. Esto le permite al médico una mayor libertad para la prevención y manejo de la mis­ma. En Estados Unidos la obesidad ha aumentado de forma significativa, tan­to en los niños como en los adultos. Se estima que 78 millones de adultos y 12.5 millones de niños y adolescentes en los Estados Unidos son obesos. En Puerto Rico, según estadísticas recientes de la Escuela de Salud Pública, el 38% de la población está sobrepeso (más de la tercera parte) y más del 26.6% (cuarta parte) está obesa.

La medida más comúnmente utiliza­da para clasificar el peso es el Índice de Masa Corporal (IMC= kg/m^). Este índi­ce se define como la razón entre el peso en kilogramos (kg) (equivale a casi dos y media libras) y la estatura en metros, al cuadrado (m^). El peso se considera normal cuando el IMC está en un 18.5 o más pero menos de 25.0 kg/m^, sobre­peso en 25.0 o más pero menos de 30.0 kg/m^ y obesidad en 30.0 kg/m^ o más.

Existe un aumento en el riesgo de de­sarrollar Diabetes Tipo 2 con un aumen­to mínimo en el IMC y esto ocurre cuan­do dicho aumento está acompañado de 3 o más factores de riesgo del Síndro­me Metabólico. Estos factores son: una cintura (circunferencia abdominal) en hombres mayor o igual a 40” pulgadas y en mujeres mayor o igual a 35” pulga­das, triglicéridos mayores o igual de 150 mgl/dl, un colesterol bueno o High Den- sity Lipoprotein (por sus siglas en inglés HDLC) por debajo de 40 mgl/dl en hom­bres o por debajo de 50 mgl/dl en muje­res, una presión arterial mayor o igual a 130/85 mm Hg y azúcar en ayunas ma­yor o igual a 100 mg/dl.

El tejido adiposo o tejido graso es un órgano que produce una serie de subs­tancias que ayudan a regular el metabo­lismo. Cuando ocurren alteraciones en este tejido (como ocurre principalmente en la grasa que se acumula alrededor del abdomen, conocida como grasa ab­dominal o visceral) en esta grasa abdo­minal se producen ciertas substancias tóxicas para el organismo las cuales causan inflamación y aumentan el ries­go de procesos trombóticos, así cómo alteraciones en el metabolismo del azú­car y de los lípidos (grasa).

La obesidad abdominal está relacio­nada con un aumento gradual en la re­sistencia de las células del organismo a la función de la insulina. La insulina es la ‘llave’ para que el azúcar entre a las cé­lulas y pueda ser utilizada como energía. Esta resistencia requiere un aumento en la producción de insulina por parte de las células del páncreas para compensar dicha resistencia, lo que eventualmente lleva a una disminución en la producción de la insulina debido a un fallo en estas células. Este fallo se traduce en una alte­ración en los niveles del azúcar conocido como Prediabetes y Diabetes Tipo 2.

Se ha demostrado que la reducción del riesgo de desarrollar Diabetes Tipo 2 es posible con tan solo una pérdida de un 7% del peso. Esta disminución se da como resultado de una intervención in­tensiva en cambios en el estilo de vida que conllevan a cambios en la dieta y en la actividad física. Estudios han demos­trado que esta disminución de un 7% en el peso significa una disminución de un 58% en el riesgo de desarrollar Diabetes Tipo 2. Este riesgo disminuye en un 16% por cada kilogramo (2.2 libras) de peso perdido. La grasa abdominal es excesi­vamente ‘movible’. Un 10% de pérdida de peso se traduce en una reducción de un 30% de la grasa visceral o abdomi­nal lo cual a su vez disminuye el riesgo de padecer Diabetes Tipo 2.

En conclusión, el sobrepeso y la obe­sidad pueden ser las vías para llegar a un mismo destino: la Diabetes Tipo 2, enfermedades cardiovasculares y hasta cáncer, entre otras. Es nuestra decisión no permitir que la obesidad y la Diabetes Tipo 2 sean las alas de un mismo pájaro.

Dra. Horidel Febo Reyes
Endocrinóloga de Adultos

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