¿Es la Hormona de Crecimiento la Fuente de la Juventud?

Por: Francis P. Baco, MD, FACP, FACE
Jefe de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo
VA Healthcare System

La población envejeciente ha ido aumentando. Esta población sobre 60 años va a explorar durante su vejez cosas pasiones nuevas que en su juventud no lo hicieron. A su vez la sociedad se beneficia de la experiencia y productividad de esta población. Esto a su vez trae un aumento en condiciones típicamente asociadas con el envejeciente como lo son debilidad, caídas, fracturas, inmovilidad, osteoporosis, demencia, diabetes, cáncer, dependencia de otros, y otras. Por lo tanto, la comunidad científica ha estado buscando como evitar, disminuir o revertir estas condiciones o el proceso de envejecimiento de manera que se pueda extender la vida de una forma funcional, útil y de nuestro agrado.

La pérdida involuntaria de masa y fuerza muscular son características bien reconocida del envejecimiento. Esta pérdida de masa y fuerza muscular se asocia con menor movilidad, caídas, fracturas y tasas de mortalidad más altas. El aumento en la proporción de grasa en el cuerpo, especialmente la grasa visceral o intraabdominal, que ocurre con el envejecimiento, son otros de los factores que se asocian con mayor morbilidad y mortalidad cardiovascular. Estos cambios en masa muscular y grasa con el envejecimiento se consideran que son de origen multifactorial, siendo los cambios hormonales, uno de ellos. Durante el envejecimiento normal, hay una disminución de la secreción de hormona de crecimiento y testosterona en los hombres y estrógeno en las mujeres, entre otros cambios que no discutiremos hoy.

En los adultos jóvenes, una DEFICIENCIA de hormona de crecimiento, testosterona y estrógeno producen cambios similares a lo que se ve en los envejecientes. La mayoría de estos cambios se revierten con el reemplazo o administración de las hormonas de crecimiento, testosterona y estrógenos. Tanto la hormona de crecimiento como la testosterona son agentes que promueven la producción de proteína fuertemente, aumentando la masa muscular.

Dado que la deficiencia de hormona de crecimiento tiene cambios similares a la de los envejecientes, se ha SUGERIDO que los cambios que se ven en el envejeciente están relacionados con la disminución de la hormona de crecimiento relacionada con la edad. En el caso de los hombres, se ha propuesto que la disminución de testosterona con la edad se añade a los de la hormona de crecimiento. Por lo tanto, algunas personas han PROPUESTO que el reemplazo de estas y otras hormonas tiene propiedades antienvejecimiento. La mayoría de los estudios clínicos donde se administra estas hormonas de una forma controlada, han demostrado que, aunque la hormona de crecimiento o la testosterona individualmente pueden tener efectos en aumentar la masa muscular y disminuir la grasa en el cuerpo, estos cambios NO siempre se traducen en mayor fuerza muscular, mejor funcionamiento o prolongación de la vida de una forma útil. En algunas condiciones donde el cuerpo no responde adecuadamente a la hormona de crecimiento o sus otros productos, se ha encontrado una menor incidencia de demencia, cáncer y una prolongación de la vida. Por lo tanto, no esta claro si las disminuciones hormonales observadas según envejecemos son de beneficio para nuestro cuerpo.

El tratamiento con hormona de crecimiento, al igual que otras hormonas, pueden traer efectos adversos o no deseados. La hormona de crecimiento puede aumentar el azúcar o glucosa en la sangre, producir hinchazón, dar dolor en las articulaciones, provocar síndrome de túnel carpal, y otros. Por lo tanto, es importante utilizar la hormona de crecimiento o cualquier otra hormona, cuando sabemos que vamos a tener un beneficio de esta.

La fuente de la juventud, rejuvenecimiento, y vida eterna que han buscado Juan Ponce de León y otros por miles de años, aun no es una realidad. Hay mucha investigación científica incluyendo entre ellas manipulaciones hormonales e inmunológicas, células madre, medicamentos como metformin y otras. Por el momento no te dejes engallar con promesas que NO están basadas en evidencia científica. Como dicen por ahí, ‘de buenas intenciones está lleno el infierno,’ y ‘si es demasiado bueno para ser cierto, probablemente no lo es’. Pregunta e infórmate antes de comenzar cualquier tratamiento no aprobado por la agencia de administración de alimentos y drogas (FDA) y por lo tanto no aprobado por tu plan médico.

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